Leopoldo Alas ha muerto
Poldo, como le conocíamos su gran familia de dispares amigas y amigos, ha cambiado de plano. Una infección pulmonar múltiple ha podido con su debilitada resistencia física, en la que ha sido su última larga lucha por la vida.
En plena encrucijada personal y colectiva, Leopoldo transitaba el cambio. A una transformación interior que nadie puede escudriñar, le acompañaba su inquietud por el fin de ciclo generacional y de alcance de logros que afecta al activismo LGTB y sobre el que tanto había reflexionado en sus artículos y alocuciones radiofónicas.
Su brillantez intelectual seguro cobrará mayor protagonismo con el paso del tiempo, no sólo por las muchas obras literarias de distintos géneros que ha publicado, sino por su hiperactiva actividad profesional en la conformación de una opinión pública crítica como ideólogo, escritor, articulista, guionista, contertulio y presentador.
Desde la poesía al ensayo, pasando por la novela, e incluso el teatro y la ópera, paralelamente a su carrera literaria trabajó como director de la revista de poesía Signos, como cronista en el diario El Mundo, como director del programa de radio Entiendas o no entiendas en RNE y como director adjunto de la revista Zero, siempre relacionando su creación periodística con el activismo militante.
Entre sus principales obras encontramos: África entera tocando el tam tam, Descuentos, La condición y el tiempo, La posesión del miedo, Concierto del desorden, La orgía de los cultos, El extraño caso de Gaspar Ganijosa, A través de un espejo Oscuro y su más ligero, pero no menos agudo ensayo sociológico “queer”, Ojo de loca no se equivoca.
El principal legado que nos deja para siempre quizá provenga de su espíritu poético, inconformista, crítico y generoso al mismo tiempo. Poldo encabezó las más pioneras causas, escribiendo manifiestos y participando en manifestaciones por los derechos LGTB, por la paz y todo aquello que despertara su ansia de justicia y libertad. Y lo hizo junto al débil, sin dejar de enfrentarse al fuerte, con la ironía cómplice, pero desde la palabra y con la acción, imaginando lo imposible, pero sin huir de la realidad de una vida que es luz y es sombra, donde los conceptos del bien y el mal sólo valen para autoimponernos límites a nuestra existencia.
Poldo ha vuelto a adelantarse, y eso lo hace aún más presente.
Queda en paz, pero no descanses, espera que nos entendamos todos.
